Un auto caro

Creo que fue el viernes pasado. O sea, hace una semana. Hoy es jueves, sí, mañana va a hacer una semana. Vino el auto a eso de las once de la mañana y se paró en la entrada de la villa, casi en la puerta de mi casa. Fue raro, es un auto caro. Se nota cuando un auto es caro. Yo primero pensé que el conductor estaba perdido y vino a parar acá, y que debía estar asustado. Siempre se asusta la gente que no es de acá y viene por hache o por be. Entonces me acerqué, porque encima yo no veía nada, el auto tiene los vidrios oscuros. Me acerqué, le golpeé la ventanilla al conductor y le pregunté si necesitaba algo. El conductor bajó un poquito el vidrio, me miró, y después miró a alguien que iba atrás. Recién ahí me di cuenta de que el tipo es un chofer o un remisero. Un chofer, debe ser. Atrás iba una señora rubia, muy linda. Tenía anteojos de sol. Muy raro que estuvieran por acá, y lo más raro es que estaban tranquilos. No parecían perdidos. La señora me miró y le hizo un gesto al chofer. Me dio la sensación de que le decía “no, no me sirve” con el gesto. Y el chofer entonces me dijo “no, gracias, no necesitamos nada”, y subió la ventanilla. Yo ahí volví a mi casa, pero seguí mirando por la ventana. Pasó la Tita con el nene, pasaron los hijos de Marcela, pasó el Claudio, pasó Juan Carlos, y recién cuando estaba llegando Fernando -el que vive enfrente de mi casa, tres casas para allá- el chofer bajó la ventanilla y lo llamó. Pero no le dijo “Fernando”, o sea, no lo conocía, para llamarlo le chistó. “Chist, oiga”, le dijo. Fernando lo miró y se acercó despacio, como desconfiado; ya te digo, es raro esa gente por acá. Entonces Fernando se agachó un poco, se ve que el chofer le hablaba bajito, yo no escuché nada. Hablaron así un par de minutos y Fernando se metió en el auto, al lado del chofer. Estuvo como quince minutos ahí, y a los quince minutos el auto arrancó. No, no de golpe, normal, pero Fernando seguía adentro. O sea, el auto se fue con Fernando. Y volvieron como a las cinco o seis de la tarde, no me acuerdo la hora justa, pero era por ahí. El auto estacionó, Fernando se bajó, y el auto se fue. Y Fernando se fue a su casa. Al día siguiente, que era sábado, no pasó nada, pero el domingo a eso de las once veo que Fernando sale de su casa y se para acá, en la entrada de la villa, como esperando algo. Y al rato llega el auto, Fernando se sube, y el auto arranca. Y otra vez volvieron a la tarde. Igual que el viernes. Entonces yo presté atención los días siguientes, pero lunes y martes no pasó nada, como el sábado. El miércoles, ayer, sí, volvió el auto a la misma hora, Fernando se subió, y se fueron. Y después volvieron. Todo igual.
Pero ayer le pregunté. Cuando Fernando bajó del auto yo salí a la puerta como si fuera que yo salía de casualidad. Me animé y le pregunté quién era esa gente, quién era la mujer; él me miró como diciendo “qué te importa”, pero me dijo “me contrataron para un trabajo”. Y después se fue, para que no le pregunte nada más, me dio la sensación.
Hoy se lo llevaron de vuelta.
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