Sobre la muerte

Luego del golpe inicial, el que te quiebra la mandíbula, empieza el duelo. La primera vez no lo sabía; ahora lo sé, pero saberlo sólo me sirve para identificar el barro que estoy pisando, no para evitar meterme en él. El duelo no se evita, es imposible huir del duelo. Y además de imposible es desaconsejable, ya que el dolor, si no fluye de manera natural, se estanca y se transforma en sufrimiento.

Doler tiene muchas etapas. Mi etapa de ahora es ésa que me convierte en una persona demostrativa y paranoica (más paranoica de lo normal). En cambio, no suelo ser demostrativa, así que este punto es el que me descoloca (aunque sé que la muerte te cambia todo de lugar, así que vivir descolocado es lo más lógico durante la parte fuerte del duelo). Tal vez la palabra demostrativa no sea la correcta, ya que uno demuestra cosas incluso cuando se esfuerza por no demostrar nada. A ver: verbalmente demostrativa. Ahí está mejor. Quiero decir que no soy de declarar mis sentimientos a cada rato, y en estos días digo te quiero con la cotidianeidad con la que digo dame un mate. Se lo digo a mis amigos. Incluso a esos amigos a los que nunca se lo había dicho. Igual lo sabían, ya que no soy verbalmente demostrativa pero eso no me hace una psicópata sin sentimientos; demuestro mi amor con palabras que en apariencia no son de amor, pero como me han dicho que tengo la cualidad de saber decir la palabra justa en el momento exacto, y que eso sirve y ayuda, pienso que mis palabras certeras son, en ocasiones, palabras de amor.

Pero ahora digo te quiero, y trato de recordar si alguna vez le dije a Emanuel que lo quería. Y creo que no, que nunca se lo dije. Mi amistad con Emanuel era una de esas relaciones añejas, segurísimas, de antes de la memoria, de matrimonio viejo, de pasado, presente y futuro. Y tal vez por eso nunca le dije que lo quería, que lo quiero: porque pensaba que lo que sobraba era el tiempo.

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Comentarios

  • Gi  On 28 julio, 2011 at 12:31

    Te quiero

  • malditas musas  On 28 julio, 2011 at 18:03

    Las heridas son como puertitas por donde entrar a otro mundo propio, uno diferente, no?

    Por otro lado, algunas palabras se escriben de manera invisible, quizá poniendo el cuerpo en los momentos importantes. Seguro él lo sabía.

    Besos

  • Susana  On 29 julio, 2011 at 17:14

    Fui Gilda, tanto, que hubiera escrito estas líneas letra por letra. Un día, hace cuatro años mi amiga loca partió. No dudo que ahora mismo alguien quiera enviarla de vuelta. Era ingeniera en petróleo, título que le costó tanto, que cuando consiguió graduarse reemplazó su nombre. Mandona, malhablada, brillante, tierna, Un día me tiró por la cabeza el regalo de cumpleaños, era su forma de decirme “te quiero”. Yo le ladraba. Se sentía Eva Perón y me trataba de Victoria Ocampo. Aún le debo mi propio “te quiero”, aún la extraño cada día de mi vida. Hace cuatro años, a partir de su muerte, no me privo de poner en palabras los sentimientos y tampoco temo equivocarme. Sé que no me sobra el tiempo.
    Te quiero Manso.

    • Gilda Manso  On 30 julio, 2011 at 12:32

      Y empezás a decirte “tendría que haberle dicho X cosa, ahora es tarde”. La muerte de Emanuel me está haciendo hablar más de lo normal, y eso es bueno. No es que antes callara mis cosas, pero ahora me fijo menos en conveniencias, buena educación y demás posibles consecuencias. La muerte también tiene eso: vuelve más irreverente al que queda vivo.
      Tengo ganas de verte, Su. Tanto que hablar. Te abrazo fuerte.

  • adr  On 29 julio, 2011 at 17:38

    Impresiona la forma en que sabes poner las palabras en los lugares adecuados. Es como una hilera de hormigas: perfecta.

    Besos, querida.

    • Gilda Manso  On 30 julio, 2011 at 12:34

      Gracias, querido ADR. No estoy muy presente por tus sitios, pero no te olvido.
      Abrazo también a vos.

  • Nani  On 30 julio, 2011 at 13:46

    El tiempo nunca sobra, nos sorprende cuando más descuidados estamos, pero no por eso debemos mortificarnos. Tampoco soy de las que demuestro con plbras el amor que siento por los que quiero, pero creo que de alguna manera saben que los quiero aunque no se lo diga todos los días,aunque cada vez más amenudo, me quito la máscara y doy besos, abrazos y digo “te quiero”, hay alguienq ue me está enseñando a quitarme la fatiga y dejarme llevar por lo sencillo y natural, ¡siempre claro está, consinceridad!, no sé si me he explicado.
    Besicos muchos y sinceros.

  • elnombremenombra  On 11 agosto, 2011 at 3:15

    Ves? SIEMPRE TENÉS LA PALABRA JUSTA.
    En otro post, te puse un te quiero…hace 20 segundos. Ahora entro en éste, y te encuentro dicíendome EXACTAMENTE lo que andaba buscando.
    Yo no me ahorré nunca los “te quiero”, y te aseguro que estoy igual que vos… El duelo pone patas arriba el mundo entero (el de uno mismo, claro)

  • Juan Antonio Bj  On 2 septiembre, 2011 at 19:46

    Impecable. Impactante.

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