Lo que House quiere ser

Fui a ver Piratas del Caribe 4. La miraba y pensaba que los productores la hicieron con el fin de tener una excusa, una más, para poner en pantalla al Capitán Jack Sparrow; sin Sparrow, a nadie le interesaría Piratas del Caribe 4. Y también pensaba que Johnny Depp tuvo la fortuna de cruzarse con éste, su personaje más popular, luego de veinticinco años de carrera. Pensaba que Sparrow hizo que Depp fuera, ya sin dudas, merecedor de un Oscar que nunca ganó, tal vez por ser demasiado sexual, demasiado magnético, y por lucir –como diría Sabina- “los tatuajes de un pasado bucanero”, valga la ironía; los chicos rebeldes rara vez ganan premios, nos enseña Estados Unidos.

Decía que Depp tuvo la fortuna de anidar a Sparrow luego de veinticinco años de carrera innegable; eligió protagonizar algunas películas excelentes (El libertino, por ejemplo) y otras no tanto, pero Johnny Depp, ese nombre, ya es lo suficientemente fuerte como para resistir al vendaval Jack Sparrow. Quiero decir: si Depp fuera un novato o un desconocido, Sparrow lo habría devorado.

Hugh Laurie no tuvo la misma suerte. Ah, porque ésta no es una nota sobre Johnny Depp; disculpen si me demoré en él. Ésta es una nota sobre Hugh Laurie, y sobre cómo fue devorado por su Doctor House. A medida que iba amando a House, yo me lamentaba por Laurie: este tipo no puede hacer otro personaje, pensaba. House es el fin de Hugh Laurie, decía, e imaginaba un futuro cercano con Laurie en películas desastrosas, deprimido, violento, suicida, porque no pudo vencer al hermoso monstruo que creó.

Pero –y acá viene la parte linda- parece que Hugh Laurie también lo entendió así. Que House era un yeti, una bestia, algo insuperable. Algo insuperable actoralmente. Entonces, Laurie decidió dejar la actuación. Hugh Laurie decidió no intentar superar aquello que House es: su versión mitológica. Y para que el círculo cierre, también decidió convertirse en lo único en lo que House no puede vencerlo: Hugh Laurie, ahora, es músico. Un músico muy bueno; el músico que Gregory House quiere ser.

Ante eso, me saco el sombrero que no tengo.

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Comentarios

  • Susana  On 26 mayo, 2011 at 11:41

    También me saco el sombrero. Quien no se deja fagocitar por la mitología y tiene el coraje de desafiarla, se convierte en héroe de su propia vida, o sea, un verdadero héroe.

    Apapachitos mi Gilda Adorada.

  • Salva  On 2 junio, 2011 at 7:34

    Incluso tiene una excelente novela policiaca. En España se editó con el título de “Una noche de perros”.

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