El hombre de la (buena) estrella

No le perdonan el éxito. No le perdonan el fracaso. El juego, no le perdonan; la belleza. No le perdonan el riesgo. No le perdonan los errores, los aciertos. No le perdonan el equivocarse. No le perdonan el tener razón. No le perdonan el amigo, el yerno, la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos. El barrio barro, no le perdonan; la villa en el origen, en el fondo del corazón, en la parte de atrás de la mirada, en la parte de adelante de la memoria. No le perdonan la joggineta, el traje gris no le perdonan. No le perdonan que haya sido lo máximo, no le perdonan que ya no lo sea, no le perdonan que lo siga siendo. Que sea un atrevido, no le perdonan. Que venga del barro y que toque las estrellas, ¡dónde se ha visto! La buena estrella, no le perdonan. Porque todos somos conscientes de su buena estrella. Todos queremos una buena estrella, y él la tiene. Esa buena estrella que lo convierte en extraordinario mientras no deja de ser, ni por un instante, el más común de los humanos. Que sea de fábula y de crónica, no le perdonan. No le perdonan que cometiera la bajeza de provocar a la muerte, así como no le perdonan que siga vivo. No le perdonan que parezca feliz (porque si parece feliz, a lo peor es feliz, ¡dónde se ha visto!). Que parezca feliz (que tal vez lo sea) y que sin embargo quiera más, no le perdonan. No le perdonan que sea argentino; no se lo perdonan los extranjeros y no se lo perdonan los argentinos. Que algunos lo llamen Dios; que no lo sea. No le perdonan que sea incómodo, que no encaje, que no sea correcto. Que sea soberbio, que sea humilde. Que mande al protocolo al carajo, no le perdonan. Al protocolo y a unos cuantos más. No le perdonan el amor. El de la familia, el de los amigos, el de la gente. Que hable alto y de frente, no le perdonan; que desentone con un mundo que murmura a las espaldas. Que no sea cobarde, no le perdonan. Que no sea mediocre. Que no sea un ejemplo, no le perdonan; que para algunos sí lo sea. No le perdonan que esté tan cerca y tan lejos del hombre normal, de vos, de mí, de ése. Que esté tan adentro y a la vez tan remoto. Que no esté en el espejo.

Nada le perdonan, y lo más irritante, lo más ofensivo, lo más violento, lo más indignante, lo más maravilloso, es que nada tienen que perdonarle.

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Comentarios

  • Juanma  On 28 julio, 2010 at 21:44

    ¿Acaso es bueno vivir de las rentas?…

    Poner a parir a los demás por el mero hecho de que se le llamó Dios y aceptó el “mote” con toda naturalidad.
    Si la “moral religiosa” nos obliga a perdonar a Dios de todos los males de la humanidad, permítenos al menos que no perdonemos a un Dios de barro, becerro de oro, que no es que vaya de frente, es que es un maleducado de tomo y lomo.

    Salud.

    PD: Lamento dicrepar, pero si no te hubiera sido sincero, hubiera caido en la hipocresía más ruín.
    Durante el pasado mundial, el único que ha ganado la selección española se lo pasó todito poniendo a parir a nuestra selección… y a las otras. Creó tan mal rollo en el resto que el mundo entero se alegró de su derrota y no de la derrota de Argentina o de su selección sino de ver como al DIOS SOBERBIO lo callaba su derrota.

  • Juanma  On 28 julio, 2010 at 21:49

    Espero me recuerdas, fui Juan-44 en Palabras fritas. Ahora soy Juanma en Pecado menudo.
    Y reitero mi disculpas si te ofendí en el anterior comentario. Tu texto, como siempre en ti, está escrito de maravilla pero lamento sentir mucha antipatía por el pobre de Diego…

    • Gilda Manso  On 5 agosto, 2010 at 15:57

      No me ofendiste, para nada. Sé perfectamente que la mitad de las personas que lean este texto no estará de acuerdo. 🙂

      ¡Abrazos!

  • verdial  On 29 julio, 2010 at 3:21

    A veces es la envidia la que no nos deja perdonar, reacios como somos a aceptar a cada cual tal como es, aunque lo consideremos superior (o no) a nosotros.
    Tal vez a él no tienen nada que perdonarle, como dices, motivo de más para buscarle los tres pies al gato.

    Aún nos queda mucho que aprender.

    Un Saludo

    • Gilda Manso  On 5 agosto, 2010 at 15:59

      Yo creo que todos quieren o quisieron tener algo de lo que él tiene: talento, dinero, amor, una familia, fama, etc. Y que no lo soportan.
      No siempre estoy de acuerdo con lo que Maradona dice o hace, pero pienso que eso no me habilita a juzgarlo o a “destrozarlo”.

      Abrazos.

  • Oscar Cabrera Hurtado  On 29 julio, 2010 at 16:18

    No le perdonan que sea haya convertido en necesario, en un dios necesario.

  • Soy Ficción  On 30 julio, 2010 at 4:56

    Jugó en el equipo de mi ciudad. Lo vi muchas veces, cerquita, hasta verle los poros, y te aseguro que parecía cualquier cosa menos feliz, menos alguien con buena estrella…

    • Gilda Manso  On 5 agosto, 2010 at 16:01

      Lo que llamo “buena estrella” no siempre está relacionado con la felicidad; la felicidad es momentánea y la buena estrella es inextingible.
      Respecto de su felicidad… yo lo veo feliz últimamente, no hace unos años.
      Puedo equivocarme, claro.

  • MX  On 2 agosto, 2010 at 18:18

    Más allá de cualquier juicio de valor, me quedo con el ritmo increíble del texto. Maravillosa habilidad para hacerme correr, transpirar, frenar, pensar, jugar. Me gustó mucho, Gilda. Saludos!

  • debellare  On 30 mayo, 2014 at 14:18

    Reblogueó esto en etdebellaresuperbos.

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