Té de la India en hebras adentro de una lata

Para Enrique

Cuando yo era chica, a mi nona le regalaron dos latas de té en hebras. Té en hebras de la India. Y a mí, que estaba acostumbrada al té común en saquitos, el té en hebras de la India que venía adentro de una lata me pareció el colmo de la sofisticación.

El té en hebras era casi intocable. No porque mi nona no me dejara consumirlo sino porque yo lo había puesto en un lugar sagrado, un lugar no geográfico pero totalmente cierto; dentro mío, cualquier cosa, persona o lugar puede ser real. Cuando quería tomar té, sólo tenía en cuenta al té corriente y vulgar, al té no en lata sino en caja de cartón que estaba a mi plebeyo alcance en el almacén de la esquina.

Un día me animé. Agarré un puñadito de té en hebras, lo puse en un cacharro con agua, lo herví, lo colé, lo serví en una taza y lo tomé.

Era exactamente igual al té de mis costumbres.

Algunos lugares sagrados son, en definitiva, tierra propia con un cartel que prohíbe pisar el césped.

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Comentarios

  • Laura  On 12 junio, 2010 at 13:55

    Hola Gilda, llego a vos a través de los bocones posts de facebook, y de un amigo en común. Me gustan mucho mucho tus escritos, creo que tienen la habilidad de transportarme.
    Te mando un beso desde Córdoba, en medio de este mundial que nos aturde de trompetas y papelitos.

  • Nani  On 12 junio, 2010 at 15:30

    Ya te lo he comentado por el otro lado. A veces guardamos cosas que siempre las tenemos cerca y no sabemos que están ahí.

    Besicos muchos guapa.

  • Wara  On 12 junio, 2010 at 19:20

    A veces le atribuimos tanta magia a las cosas, las protegemos, nos privamos de ellas pensando que son… lo que luego resulta ser algo tan normal que hasta se nos cae el alma.

    Besos, Gilda, feliz fin de semana.

    • Gilda Manso  On 19 junio, 2010 at 16:05

      Por eso: no debemos idolatrar a los objetos.
      Ni a las personas, claro está, pero ése es otro tema.

      🙂

      Abrazos, Wara.

  • Salva  On 13 junio, 2010 at 5:03

    Genial reflexión.

    Supongo que es eso que llamamos “valor sentimental”.

    Besos.

  • Juanjo  On 13 junio, 2010 at 12:18

    Vengo desde Scriptoria, de ver tus Orquídeas, y he sentido curiosidad.

    Me gustó tu cuento, tan profundo como el sabor del té cuando le encuentras los matices.

  • Susana  On 13 junio, 2010 at 12:42

    Muy bueno! El carácter “sagrado” que le damos a algunos lugares, cambia con el tiempo. Es bueno mover el cartelito “no pisar”, acomodarlo hasta que encuentre su lugar definitivo.

    Porque en resumidas cuentas, es necesario que exista en nosotros un lugar sagrado, pero éste se construye con el tiempo y después de tomar muchos tés.

    🙂 Brillante mi Adorada Amiga!

  • Moreiras  On 13 junio, 2010 at 17:03

    Bonito fábula, originalmente contada con indias hebras de té. Sonrío

  • Castigadora  On 14 junio, 2010 at 13:59

    Que desilusión! A veces guardamos cosas en “tarritos de oro” y al final no son lo que esperábamos

    Un saludo

    • Gilda Manso  On 19 junio, 2010 at 16:08

      ¿Viste? Mejor tener esas cosas siempre a mano, para que no pierdan la cotidianeidad.

  • Soy Ficción  On 15 junio, 2010 at 8:37

    Intento alejar esa manía compulsiva de alejar aquellas cosas que revestimos de cierta magnificencia. Debemos disfrutar del ahora, ese brillo se puede perder con el tiempo.

  • bohemia  On 15 junio, 2010 at 22:37

    Hace un par de días oí que no hay nada como pasar 5 minutos reales dentro de tu fantasía soñada para desear regresar a tu vida de siempe…este té de la india me lo ha recordado, a veces ponemos en un altar sagrado cosas que cuando llegamos a ellas nos acaban por defraudar…

    • Gilda Manso  On 19 junio, 2010 at 16:09

      Es el peligro de lo sagrado: de que en realidad no lo sea tanto.

      🙂

      Un abrazo, querida Bohemia.

  • Virginia Vadillo  On 17 junio, 2010 at 7:21

    Un relato muy bueno! He llegado aquí desde Scriptoria, y me gusta como escribes. El de Murakami me ha gustado mucho… será porque ahora mismo estoy leyendo Kafka en la orilla, y también me está empezando a atrapar…
    Besos!

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