La alegría nómada

“Que nos dejen en paz recoger la alegría en puñados de a diez”, exigen los Marea en su canción “Como los trileros”. Los Marea, gitanos, les piden a los payos que los dejen usar su derecho a la alegría.

Uno de los numerosos errores de un mundo en donde existen diferentes clases sociales es que a menudo se cree que la alegría es un bien que les pertenece sólo a los de arriba. El razonamiento que nos lleva a esta conclusión errónea no es, sin embargo, tan ilógico: ¿de qué se va a reír una persona con hambre? ¿Por qué motivo se alegraría una persona enferma que no tiene dinero para comprar remedios? A simple vista, las personas pobres sólo pueden conocer la tristeza. Entonces, los de arriba se conmueven y organizan cenas para recaudar fondos para ellos, para los de abajo, para los tristes, y juntan ropa y organizan donaciones. ¿Para qué? Para que los de abajo, los tristes, no estén tan tristes. Y esto no está mal.

Pero a veces ocurre que los de abajo se cansan de estar tristes, se pudren, se agotan, envejecen, no se resignan y, sin esperar la beneficencia de los otros, deciden usar, como en la canción, su derecho a la alegría, deciden recoger la alegría en puñados de a diez o como puedan. Y salen a jugar a la pelota (con zapatillas o no), a tomar mate con el vecino (con bizcochitos o no), a bailar una milonga o una cumbia o un rock (con glamour o no). Y en ese momento, los de arriba miran para abajo y se indignan: “ah, no, no, no, si cantan y bailan y se ríen significa que tan mal no la pasan; ¡me siento estafado, voy a dejar de ayudarlos!”. Y ese “tan mal no la pasan” demuestra que los de arriba esperan que los de abajo la pasen mal, pero muy muy mal, porque a veces los de abajo tienen suerte y toman mate con bizcochitos y juegan a la pelota con zapatillas, y a los de arriba eso ya les parece demasiado lujo. Porque la alegría de los de abajo, esa defensa, ese escudo, esa lanza, no sacia el hambre ni el frío ni los derechos básicos de todo ser humano; esa alegría es sólo alegría, y es nada menos que alegría, porque los de abajo sienten (de algún modo) que la vida debe ser algo más que pan y frazadas. La alegría no reemplaza al guiso de lentejas y lo saben, y sin embargo no renuncian a ella. Y esa renuncia a la renuncia es lo que indigna a los de arriba. Porque si los de arriba son alegres y los de abajo son tristes, la diferencia está clara. Pero si todos son alegres, el abajo y el arriba pueden confundirse, y eso aterra a los de arriba: la posibilidad de no estar tan arriba como creen o que los otros los alcancen de alguna manera. Porque si eso ocurre, si los de abajo la pasan bien o “no tan mal”, el mundo puede convertirse en un lugar más equitativo, más parecido al resto del mundo, menos top, menos exclusivo, menos club privado y más mundo.

Y los de arriba, en realidad, no quieren tener nada que ver con el mundo.

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Comentarios

  • Susana  On 22 mayo, 2010 at 13:37

    Arriba. Abajo.

    La Alegría siempre en disputa. Me gusta esa tensión que le creaste en el relato. Porque como sabemos, una cosa es “sentir” ese exquisito estado de ánimo y otra bien distinta es “aparentarlo”.

    Aún y a pesar de los esfuerzos publicitarios, la Alegría es esquiva y quisquillosa, no se conquista fácilmente. Hay quien sospecha que trabajando como enano, sacrificando propios y ajenos, vendiendo a los seres queridos, hipotecando la dignidad, haciendo “mefistotélicos” pactos, rifando el orgullo y vaya saber qué mas…será ungido por la Alegría, sospechando que ésta, mora solamente en las alturas sociales y económicas.

    Y probablemente en las alturas hay muchas cosas, agradables y desagradables, incluso Alegría suele pasar seguido por allí y quedarse un rato. Pero en realidad, sufre de vértigo y en el fondo, no le gusta ser poseída y se aburre. Entonces, descaradamente se ofrece, le gusta ser conquistada por el que tiene más imaginación, o el que la descubre una tarde cualquiera mientras mira una puesta de sol, en una sonrisa, en un mate, una pizza con cerveza, en la bailanta o en un libro de segunda mano.

    Hace un rato largo que Alegría se pasea por el mundo, coqueteando con la Humanidad, intentando enseñarle que para ella, no existe Arriba o Abajo, y sobre todo, que no se molesten, jamás podrán comprarla porque no estuvo, está o estará jamás en venta.

    Aunque algunos ilusos piensen lo contrario. Después de todo, sólo les queda “aparentar” que la tienen y justificar el alto precio que pagan por una ilusión.

    Mi Beso, adorada Amiga mía.

    • Gilda Manso  On 29 mayo, 2010 at 13:07

      Hay gente que piensa que la alegría sólo puede pertenecerle a los de arriba, y cuando los de abajo demuestran que no es así, los de arriba no se lo perdonan. No quieren parecerse a ellos en nada, ni siquiera en la risa.
      Y ESO me parece imperdonable.

      Un abrazo, Su.

  • Salva  On 22 mayo, 2010 at 14:29

    Dice mi padre que la vida da muchas vueltas, pero los de abajo siempre somos los mismos.

    Un abrazo.

    • Gilda Manso  On 29 mayo, 2010 at 13:09

      No entiendo: ¿que son los mismos porque nunca cambian, o que son los mismos porque los de arriba nunca bajan?

  • Belén  On 23 mayo, 2010 at 17:32

    La verdad es que tienes razón… muchas veces la vida nos regala muchos momentos graciosos 🙂

    Besicos

    • Gilda Manso  On 29 mayo, 2010 at 13:18

      Yo no me refiero a momentos graciosos sino a elegir la alegría. Pareciera que las personas de clase baja no tienen motivos para la alegría, y mucha gente lo ve bien. Y cuando esas personas demuestran que sí, los que antes se sentían cómodos, se indignan.

  • Lucy in the Sky  On 23 mayo, 2010 at 21:34

    Y pensar que somos todos seres “humanos”.

  • El Galileo  On 24 mayo, 2010 at 16:05

    Quizá algún dia, esa alegria de los de abajo se convierta en autentica contestación para que realmente los hombres seamos iguales, hermanos.

  • NoSurrender  On 25 mayo, 2010 at 7:24

    Por eso los de arriba siempre han preferido la “caridad” a la “justicia social”. Porque ese “dar” quieren hacerlo como una muestra de poder, como un autoconsumo propio a mayor gloria de sí mismos. Algo así.

    Besos, Gilda!

  • Nani  On 27 mayo, 2010 at 19:38

    Cuanta razón tienes Gilda. Has descrito nuestra sociedad a la perfección, así somos los humanos y ¿sabes que creo yo? El de arriba para sentirse seguro, necesita saber que abajo hay gente inferior, pero cuando ve que son como ellos o incluso mejores, no les gusta. Se les termina la seguridad y eso no es lo que cren que debe ser.
    La vida es muy injusta pero porque así la hacemos los seres humanos. Todo debería ser más equitativo y así se supone que deba ser. El mundo se creó para todos por igual, pero el orgullo y la petulancia son un mal consejero de algunos seres humanos. Algo debió fallar en la creación del ser racional, ¿no crees?

    espero que disfrutes ese recital, ¡que envidia!!!

    Besicos muchos.

    • Gilda Manso  On 29 mayo, 2010 at 13:23

      Ése es el punto: a los de arriba se les termina la seguridad cuando ven que los de abajo ríen. Me recuerda al poema “Por qué cantamos”, de Benedetti.

      Abrazo.

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