Retumba la tierra

Se distingue entre la gente / y retumba la tierra / si se pone incandescente entre las piernas. (Marea, Incandescente).

En el pueblo se decía que cada vez que Malena tenía sexo, ocurría un terremoto; tan grande y tan poderosa era su pasión. Y se decía que lo del terremoto no era metáfora, exageración o mito. Cada vez que Malena tenía sexo, la tierra se movía; a veces, con resultados fatales.

Los amantes de Malena juraban que no podía ser casualidad. Juraban que Malena era capaz de provocar terremotos y quién sabe cuántas cosas más. Y los hombres que aún no habían pasado por la cama de Malena hacían lo imposible por lograrlo, aunque corrieran el riesgo de morir sepultados por los escombros de un techo derribado por la voluptuosidad de la mujer maldita.

Porque Malena se sentía maldita. Malena, además de carne extraordinaria, tenía un corazón de persona normal, un corazón que se conmovía hasta el encogimiento cada vez que un terremoto, en especial si era uno de los suyos, destrozaba una casa o una vida. Y entonces, Malena lloraba. Y cuando lloraba, Malena se volvía hermosa, tan hermosa como cuando reía. Y siempre había un hombre dispuesto a abrazarla, a acariciarle el pelo, a besarla. Y luego, otro terremoto.

No se sabe si fue una idea del sacerdote ultra conservador de la Iglesia del Sufrimiento Eterno o de alguna de sus feligresas, las Hermanitas del Perpetuo Vinagre, pero pronto estuvieron todos de acuerdo. O eso aseguraban. “Las mujeres promiscuas provocan terremotos”, sermoneó el sacerdote desde el púlpito, siguiendo una lógica que entendía solamente él. “Hay que acabar con las mujeres promiscuas para que la tierra deje de temblar”, continuó, y todos supieron que las mujeres promiscuas eran sólo una. Se armaron con palos y piedras y a puro golpe destrozaron, de ser eso posible, la hermosura de Malena.

Y un minuto después, un terremoto derrumbó, al mismo tiempo, medio pueblo y la teoría sobre la culpa de la sexualidad viva de Malena.

Malena lloró. Lloró de dolor, dolor de cuerpo y espíritu apedreados. Y lloró de pena, porque el último terremoto no había dejado casi nada en pie.

Un hombre se acercó y le acarició el pelo; Malena, por primera vez, se alejó. Ése no era hombre para ella.

Y lloró un rato más, lloró de alivio, porque ella podía provocar muchas cosas, y supo, finalmente, que ninguna de esas cosas tenía algo que ver con la muerte.

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Comentarios

  • Nani  On 16 mayo, 2010 at 16:48

    ¡Que bonito relato Gilda! Cuantas veces los seres humanos juzgamos y culpamos a otros seres de las catástrofes naturales. Cuanto daño puede ocasionar la envidia y los fanatismos, ¡es increible, pero la historia está llena de casos como el de tu relaato!

    ¿Sabes una cosa Gilda? Cuando he empezado a leer este relato, he recordado a una pareja que vivió en el piso de al lado al mio. Un día a media noche me desperté creyendo que había terremoto. El cabecero de mi cama se movía y me agarré con fuerza a mi marido gritándole que había terremoto. Se moría de risa y a mí me desconcertó un montón ya que no era la reacción normal en él. Cuando paró de reir me dijo que escuchara con atención. El terremoto lo provcaban los vaivenes producidos por los movimientos feroces de una parejita haciendo el amor. Ya los alaridos de la chica me lo confirmaron. Fue una esperiencia increible, que se estuvo repitiendo muchos fines de semana, durante algunos meses, siempre que ella se dejaba caer por estos lares. Incluso hubo que llamarles la atención (otra vecina lo hizo). Es una historia casi increible cuando lo cuento, pero tan verdadera como que estoy ahora escribiendo este comentario, jajaja, ¡que potencia tienen algunas personas!! De esot había que hacer alguna ven un relato, ¿no crees? Cuanta razón hay en ese dicho: “La realidad supera a la ficción”.

    Besicos muchos

    • Gilda Manso  On 22 mayo, 2010 at 12:04

      Muy buena tu anécdota, Nani.
      Este cuento se me ocurrió luego de leer que un sacerdote de no recuerdo dónde dijo que las responsables de los terremotos y demás catástrofes eran las mujeres promiscuas.
      Es una de esas cosas tan inverosímiles y ridículas que sólo se le puede ocurrir a alguien real.

      🙂

  • Wara  On 16 mayo, 2010 at 19:18

    Bien por tu Malena; con el mal que querían causarle (y le causaron) le han proporcionado esa salvación que es creer en uno mismo, descubrir que no somos portadores de nada temible.

    Precioso. Besos.

  • AdR  On 17 mayo, 2010 at 9:12

    Que venga Malena, que va a saber lo que es de verdad un terremoto…
    … jajaja.

    Bueno, después de soltar mi tontería, querida, paso a decirte que sigues conservando el misterio en todo lo que escribes, desde la primera palabra.

    Besos.
    P.D.: y un saludo a las Hermanitas del Perpetuo Vinagre ;P

  • Belén  On 18 mayo, 2010 at 1:41

    Ya me dirás ahora qué digo para no resultar soso e intrascendente… que mamas directamente del realismo mágico tan propio de tus colegas 😉

    Besicos envidiosos

  • Enrique  On 29 mayo, 2010 at 0:13

    Quizá los terremotos se producen de a dos… ya veremos. Hasta pronto Gilda.

  • MX  On 3 junio, 2010 at 13:41

    Muy bueno, es cierto lo que dice Belén, realismo mágico puro (al menos en este cuentito) pero noto para mi agrado bastante más ironía, bien a tu estilo.
    Es la primera vez que te comento, pero seguramente no será la última.
    Saludos!

  • paula  On 11 julio, 2010 at 2:08

    marea, y terrible revolcón !

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