Ocupas

-¿Usted opina que es correcto abrir una tumba? –me preguntó el sepulturero con voz paternal mientras nos acercábamos al panteón familiar.

-Si fuera ajena sería incorrecto, pero con mi tumba hago lo que se me canta; ábrala y va a ver que los sonidos que escuché son reales –contesté.

Entramos y ahí estaban: padre, madre y tres hijos; se ve que era el momento de la cena, porque los cinco comían sánguches de fiambre, pero se detuvieron y me miraron con culpa y con miedo. Al sepulturero se le escapó el asombro por la boca abierta.

-¿Usted es una Sánchez Thompson? –murmuró el padre.

-Y a usted qué le parece –contesté, señalando la inscripción en oro sobre la placa de bronce que le daba identidad al panteón de mi estirpe.

-Señorita, no tenemos dónde ir, y los nenes son chicos.

-Yo lo lamento mucho, pero acá no se pueden quedar. Acá están mis abuelos, mis padres, y en algún momento estaremos mis hermanos y yo –argumenté, seca.

-Pero señorita, usted es muy joven, no va a necesitar este lugar durante mucho tiempo…

Respiré hondo; estaba indignada.

-Este lugar es el panteón familiar de los Sánchez Thompson, de MI familia, y ustedes no los dejan descansar en paz.

-No, señorita, nosotros no los molestamos –acotó la mujer-. Si ve que la espada de ese hombre está puesta de un modo distinto es porque una vez Fabricio, mi nene más chico, quiso jugar con ella y yo no supe en qué posición volver a ponerla, pero…

-¿Jugaron con la espada de mi abuelo, el general Jean Pierre Sánchez Thompson? –pregunté, sin poder creerlo.

-¡No, no! Le decía que mi nene quiso jugar con la espada, pero no lo dejé. Nosotros les enseñamos a respetar a los muertos. Lo que mi marido quiere decir es que usted es joven y seguramente tiene casa, y esto, que no es una casa pero parece, usted de momento y gracias a dios no lo necesita, y a nosotros nos desalojaron hace unos días y le juro que no tenemos dónde ir.

Era el colmo. Como no tenían dónde ir, se metían en mi panteón.

-Yo no tengo la culpa de que ustedes no tengan dónde vivir. Ya mismo agarran sus cosas y se mandan a mudar de acá.

Un nene se puso a llorar. La mujer se agarró la cabeza. El hombre parecía acostumbrado. ¿Para esta gente sería una costumbre ocupar panteones?

Guardaron unas pocas cosas en sus mochilas y se fueron. Uno de los hijos le preguntó al padre dónde iban a ir. El padre contestó que no sabía.

Me subí a mi auto. El sepulturero se me acercó.

-¿No quiere decirles que al menos se queden a pasar la noche? –me preguntó.

Confieso que dudé un segundo. Pero sólo un segundo.

-De ninguna manera. No es asunto mío –respondí. Subí la ventanilla y el vidrio polarizado me aisló del mundo.

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Comentarios

  • Belén  On 9 mayo, 2010 at 17:08

    Espero que no seas tu, niña… que es horrible echar así a una familia… aunque sea del panteón familiar…

    Besicos

  • kutxi  On 9 mayo, 2010 at 18:08

    Pobre, no sabe que ya está muerta.

    Por cierto, me encanta eso de ‘sánguches’. ¿Cuál es el singular, ‘sánguch’ o ‘sánguche’? Habría que proponer a la Academia que incluyeran este término en el diccionario y retiraran ‘sándwich’, suena mucho más español (lingüísticamente hablando). Y que conste que no lo digo en broma. 😉

  • Wara  On 9 mayo, 2010 at 19:29

    Me encanta, Gilda. No sé si sabes, pero en Galicia hay grandes escritores, como Alvaro Cunqueiro, por ejemplo, que han escrito cuentos e historias de ultratumba con gran humor. Me los has recordado.

    Un beso.

  • Nani  On 10 mayo, 2010 at 15:56

    Gilda, mientras te leía he recordado la película “Los otros”. Me ha gustado mucho.

    besicos muchos guapa.

    • Gilda Manso  On 15 mayo, 2010 at 20:42

      Buenísima película. Me encanta Amenábar. ¿Viste “Tesis”?

      Abrazo, Nani querida.

  • Graciela  On 10 mayo, 2010 at 22:57

    Ya me pusiste a pensar en mi tumba.

    Ya sabes que disfruto de tus relatos.

    Besos.

  • neogurb  On 11 mayo, 2010 at 11:30

    En Ucrania, e imagino que en otros países de la zona, es costumbre ir a los cementerios los días de fiesta a comer con los antepasados, y se forman unas merendolas muy majas. La cosa está tan preparada que a los lados de las tumbas tienen unos banquitos para sentarse, y usan las lápidas como mesa.

    Lo que no sé es si también ponen mantel de cuadros.

    • Gilda Manso  On 15 mayo, 2010 at 20:44

      La verdad es que los ritos de la muerte siempre me resultan muy atractivos como parte de un análisis social. Lo que a nosotros nos parece natural, a otras sociedades les parecerá aberrante.

  • El Galileo  On 11 mayo, 2010 at 12:19

    Sin lugar a dudas esto solo podría pasar en Argentina.

    Un saludo.

    • Gilda Manso  On 15 mayo, 2010 at 20:45

      Yo solía pensar lo mismo respecto de muchas cosas, hasta que salieron Los Simpsons.

      😀

  • Antígona  On 12 mayo, 2010 at 3:52

    Lo que no entiendo es para qué necesita esta mujer la tumba de su panteón. Si su corazón y ella ya están muertos y sin embargo siguen circulando por el mundo en coches de cristales polarizados.

    Un beso!

    • Gilda Manso  On 15 mayo, 2010 at 20:46

      Supongo que por eso mismo.
      Igualmente, tenga o no tenga razón, el panteón en sí mismo me parece algo horroroso.

      🙂

      Un abrazo, Antígona.

  • Moreiras  On 12 mayo, 2010 at 9:33

    La realidad siempre supera a la ficción, no hay lugar a dudas.

  • Castigadora  On 12 mayo, 2010 at 12:33

    No sé quien es más frío o está más muerto, si los muertos o los vivos de esta historia

    Un saludo

  • Carmen  On 13 mayo, 2010 at 18:45

    Nuestro sitio es ese que necesitamos ahora… como muy bien dice la señora a la muchacha “te falta mucho tiempo para necesitar este sitio”… pero es lo que “mal hacemos” los seres humanos “creernos dueños y señores de todo aquello que lleve nuestro nombre o el de alguno de nuestros parientes… y somos tantos parientes: 6.500 millones…”

    Saludos Gilda 😉

    • Gilda Manso  On 15 mayo, 2010 at 20:49

      Yo insisto: mientras haya en el mundo personas sin casa (por el motivo que sea), ocupar tierra con personas muertas me parece un crimen. La vida debe ser siempre prioridad.

      Un abrazo, Carmen. 🙂

  • Susana  On 15 mayo, 2010 at 12:28

    La última vez que estuve en Recoleta (sí, a veces me ataco con el necro-turismo )me pregunté para qué necesitaban tanto espacio esos ilustres muertos. Luego, concluí que algunos Egos no tienen fecha de vencimiento…

    :))))

    Muy bueno este “Ocupas”

    Besazo mi Gilda Queridaza!

    • Gilda Manso  On 15 mayo, 2010 at 20:51

      Totalmente, Su. A mí, en lo particular, me importa muy poco dónde estará mi cuerpo una vez que la vida se vaya de él. Si me lo pongo a pensar, que seleccionen mis órganos y se los den a quienes les sirvan, y el resto, ceniza.

      Te abrazo. I adoro you.

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